Eres el tercer ángel que se va, desde
que tengo uso de razón, desde que siento con el corazón y con el alma.
Sale el sol, y tú ya no estás
aquí, con nosotros.
Hace tan solo unas semanas fui a
verte, estabas mal, pero parecía que mejorabas. Es que no voy a soportar la
idea de que ya no podré ir a verte más a tu casa, cuando no tenga alguna clase
ya no podré decir voy a ver a mi tía, no podré verte más! :(
Esta noche, he
pensado mucho en ti, apenas he podido dormir, mi cabeza le daba mil vueltas a
lo que justamente había vivido ayer, 5 de abril del 2012. Sí, JUEVES SANTO. Un
día que comenzaba a ser bonito, porque pensábamos marcharnos a Jaén a ver a la
familia, pero el día se torció.
Me encontraba
con dolor de cuerpo, y tuve que levantarme de la cama porque no podía estar más
acostada del dolor. Me dolía la espalda y a la vez el pecho, como si algo me
estuviera oprimiendo el corazón, y además, tenía como un nudo enorme en mi
garganta. Yo lo llamo, desde ayer, presentimiento. Sentí como si me estuviera
pasando a mi lo que te estaba pasando a ti en ese medio día…
Después de
estar toda la tarde y casi toda la noche, viéndote, acostada con tu rosario,
detrás de una ventana, después de ver como llegaban todos y cada uno de
nuestros seres queridos, me daban más y más ganas de llorar. Puta impotencia
que no me deja vivir tranquila.
Me duele el
corazón, el alma, para qué nos vamos a engañar. Me pesa el cuerpo, no tengo
ganas de nada, no quiero aceptar que te fuiste, no quiero saber que esto es la
realidad, que no es un sueño.
Toda la tarde y
noche de pie, ante ti, viéndote allí acostada, sabiendo que no volverías a
abrir los ojos, aunque una parte de mi deseaba que tus ojos volvieran a
abrirse, que sólo había sido un susto. Pero no, no despertaste. Ojalá lo
hubieras hecho, porque no estoy preparada para decirle adiós a tu cuerpo. A tu
espíritu, sé que debo decirle hasta luego, pero ¿y a tu cuerpo? ¿Cómo le digo
adiós? ¿Cómo le digo a tu cuerpo, que quiero que permanezcas aquí? ¿Qué se
podría haber curado? JODER, puta rabia e impotencia, de no poder hacer nada.
Plasmar en un
puto documento Word, lo que pienso, lo que siento… es una mierda, ¿no? Pues sí,
pero no puedo hacer ya otra cosa. No es agradable ver como una persona a la que
quieres, se está muriendo poco a poco, ves como está sufriendo, como están
todos los de su alrededor. Pero bueno, es ley de vida, lo sé, pero ojalá pudiera
hacer yo algo para cambiar esta situación.
Sentir como el
mundo se derrumba ante tus pies. Ver como dejé de pensar en la situación que había
en la familia, en unos días. Sentirte culpable por no haber ido a verla por
última vez. Tampoco sabía que sería ya, tan pronto. Culpable de no haber
demostrado lo que muchas veces quieres, por no dar todo lo que te apetece, por
no abrazar a quienes sufren delante de ti. Pero es un gesto que me es difícil
llevar a cabo.
Ver a todos a tu alrededor llorar, me hace ser aún más débil. Me hacer ver la mierda de vida que es la que vivimos. Ver que la muerte está tan segura de su victoria, que nos da toda una vida de ventaja. En la que a veces no podemos decidir tan siquiera cuando se acabará, cuando el destino decide ponerle fin a nuestras vidas. El destino baraja las cartas, nosotros somos los que jugamos.
Estar toda la
tarde de pie, con dolor de espalda e incómoda, y aún así, querer permanecer
allí, contigo físicamente.
Ver como en
cuestión de segundos, se marcha toda una vida, ante tus ojos. ¡Qué triste!
Acostarme
pensando en todo lo sucedido. Pensando en ti, dándole mil y una vueltas a las
cosas, pensando en que es una puñetera pesadilla, y que pronto me voy a
despertar. Y a la vez, pensando en que si no hubiera ido a verte ayer, hubiera
sido incluso mejor, porque apenas pude dormir.
He dormido
poquitas horas, con mi hermano, y aunque sólo estuviéramos los dos en la cama,
sentía que alguien más había con nosotros. No tengo claro si serías tú, sólo sé
que he notado algo, tampoco sé si era un sueño, o era que de verdad lo sentía.
Y encima, soñar
cosas feas, soñar que ya te habías ido, cuando sabía que realmente había sucedido
eso, pero ¿por qué tuve que volver a soñarlo? Y para colmo, de maneras más feas
y raras de cojones.
Dormir, lo que
se dice dormir, no sé cuántas horas verdaderamente habré podido dormir, después
de 200 vueltas en la cama, después de poner las manos como ella las tenía,
apoyadas sobre el estómago, y tenerlas ardiendo, sudorosas, sin saber cómo coño
ponerme ya para poder dormir un rato y descansar. Seguir dando más vueltas en
la cama, despertarte de madrugada a cada minuto, mirar el móvil, saber que mis
padres aún no habían llegado a casa. Preocupada ya por todo, por saber a qué hora
volverían, por las pesadillas que he tenido durante toda la noche.
Me duele la
cabeza, el cuello, las costillas creo que son las que me oprimen el pecho. A
veces siento cómo si estuviera nerviosa, con unas inmensas ganas de llorar,
pero ¿para qué? Si por mucho que llore, nada volverá a ser como antes.
Nervios, ganas
de inflar a golpes a la pared, ganas de hablar con el mismísimo Dios, o quien coño
sea el que se lleva a la gente, para pedirle explicaciones. Para preguntarle, ¿por
qué demonios se los lleva así?
Leer tu nombre
en el libro que me ha mandado una profesora, una de las hijas de la historia,
MARGARITA, bonito nombre y bonita flor, que se ha ido marchitando con el paso
de los años, que se ha ido debilitando con los diferentes sucesos que
acontecían su vida.
RABIA por cómo
ha sido tu partida y tu despedida. Una tontería, pero que surgió a raíz de lo
que ahora está de moda. Personas algo mayores que parecían que tendría mayor
nivel de vida, que se supone que la media de la edad a la que se mueren las
mujeres es elevada, pero la tuya no ha sido muy elevada.
Pensar que tu
madre, al menos estará ahora contigo, que te protegerá e incluso tu padre.
Además, podrás ver a tu marido, lo tendrás cerca también.
¿Como no voy a
perder la esperanza ante tantos hechos semejantes?
Esperanza le
pondré a alguna de mis hijas, si algún día las tengo. Otra quizá sea Margarita,
pensaré mucho en ti a lo largo de toda mi vida, hasta que me toque algún día a
mi irme, como lo has hecho tú.
Tengo ganas de
llorar, de pegarme una ostia si es necesario para dejar de estar así como
estoy. Que me encuentro como una puta mierda, que no tengo ganas ya de leer, de
sentir, de pensar, de ir a clase, no tengo ganas de tener ni un mal royo con
nadie más coño.
La música
parece que algo me tranquiliza, pienso en música, canto en mi interior, y
parece que es la única que me ayuda a proseguir en esta miserable vida.